Sin respeto a los Derechos Humanos, no hay progreso

Intervención del Secretario de Gobernación Carlos María Abascal Carranza, durante la presentación del primer informe de ejecución del Programa Nacional de los Derechos Humanos, que tuvo lugar en el Salón Adolfo López Mateos de la Residencia Oficial de Los Pinos.
México, D.F., 9 de diciembre de 2005

Es una época difícil, las relaciones internacionales del gobierno de Donald Trump han generado descontento, particularmente por su discurso y sus acciones en contra de los movimientos migratorios que se dirigen a Estados Unidos.

Es ahora, con este bloqueo migratorio en nuestro vecino del norte, que resulta importante recordar las palabras del Lic. Carlos Abascal Carranza:

“Los Derechos Humanos son universales, incondicionales e inalienables. La tarea de protegerlos representa para el Estado la exigencia de mantener condiciones para que las personas gocen realmente de todos ellos”.

Y si bien no hay una sola razón del por qué tanta gente se mueve hacia Estados Unidos (y otros países), sí podemos decir que uno de los factores principales es el poco respeto a sus derechos fundamentales en sus lugares de origen.

Resulta bastante claro si lo analizamos, ya que como dijo Carlos Abascal: “el respeto a los Derechos Humanos es un acto de justicia”, y sin justicia, nadie puede vivir plenamente y en armonía.

Todos merecemos paz, educación, seguridad y una vida digna; nuestros Derechos Humanos no deben verse amenazados por ningún grupo, gobierno o persona. Sin embargo, a pesar del sacrificio de muchos, aún no podemos hablar de una realidad absoluta en donde toda persona en el mundo obtiene lo que merece.

Estados Unidos se ha caracterizado por tener una historia de exclusión y tratos injustos hacia ciertas etnias, razas y formas de pensar. Y aunque estos problemas fueron paulatinamente superados, la llegada de Donald Trump a la presidencia pareció haber revivido sentimientos negativos en gran parte de la población.

México tiene una enorme responsabilidad en el escenario actual; es hora de recordarle al mundo que somos un país tolerante y abierto al diálogo. Debemos llevar a cabo acciones que erradiquen prejuicios y reconozcan las buenas aportaciones de muchos de los migrantes a la sociedad.

Recordemos que “el ejercicio y respeto de los Derechos Humanos, civiles, económicos, sociales, culturales y políticos es hoy el oxígeno que debe dar vida a verdaderas democracias de calidad”. Sólo con una verdadera democracia se conseguirá el desarrollo económico y social que todo país necesita.

Como ciudadanos, debemos actuar contra los sentimientos negativos. Acciones simples como aceptar e incluir a todos los que forman parte de nuestra sociedad propiciarán el respeto a nuestros Derechos Humanos e, incluso, darán fin a la represión en contra de los movimientos migratorios.

Biografía Un cristiano en la vida pública: Carlos María Abascal Carranza

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