Vinculación entre política y religión

Hablar de un vínculo entre política y religión suele generar controversia, ya que vivimos en un Estado proclamado como laico desde 1867, por Benito Juárez. A partir de esa época, la relación entre estos dos ámbitos ha sido criticada por diversos sectores de la sociedad.

Sin embargo, dentro de la política mexicana se han desarrollado personajes que demostraron cómo los principios religiosos pueden tener resonancia en el servicio público, sin pasar por alto la ley. Uno de los más sobresalientes fue el ex Secretario de Gobernación, Carlos María Abascal Carranza.

Durante sus años de servicio en la política, el licenciado Abascal nunca escondió su fe católica, e incluso hizo mención de cómo sus creencias le ayudaban a hacer su trabajo de la mejor manera.

El pensamiento del don Carlos Abascal en torno a la unión de política y religión puede explicarse a través de tres grandes principios: amor, vocación de servicio y congruencia.

Amor

Para el ex Secretario de Gobernación, algo que tienen en común política y religión es la búsqueda del bien común, de mejorar la vida de las personas ya sea a través de la espiritualidad o la ley humana.

Y para lograr tal cometido, política y religión tienen la necesidad de que el amor guie los pensamientos y acciones de cada persona involucrada, pues sólo así, desde cada ámbito, se podrán crear mejores condiciones de vida para los mexicanos.

Como Abascal decía: “El mandato evangélico es amar. Y gobernar es mucho más que administrar, es finalmente amar también. Pero no con un amor humano, sino un amor reflejo del amor de Dios, del que se entrega sin esperar correspondencia”.

Vocación de servicio

De este amor incondicional que difundía Carlos Abascal, se desprende la vocación de servicio que, según su filosofía, es una cualidad fundamental de todo político.

Con plena conciencia, él sabía que como servidor público su deber y máximo esfuerzo debían estar encaminados a la creación de oportunidades para el desarrollo integral de los ciudadanos.

Él tenía presente que su labor era velar por el bienestar de los mexicanos, antes de ver por sus intereses. Como indica su hija, Luz Abascal, él “no tenía ninguna aspiración política, ni personal, sino servir, vivir al servicio de las personas por amor a Dios”.

Congruencia

Aunado al amor y la vocación de servicio presentes en la vida del ex Secretario de Gobernación, también destaca la congruencia que había entre sus palabras y acciones, lo que resultó ser de gran inspiración para muchos:

Como diría María Luisa Aspe en su libro biográfico: “Su gran espiritualidad y la convicción en sus creencias lo llevó a actuar de una forma coherente. Su pensamiento lo llevaba a la práctica sin excepciones, cualidad que lo hizo destacar en el mundo de la política”.

Don Carlos Abascal fue el ejemplo de un católico congruente, cuyo encuentro con Cristo se tradujo en un compromiso total con sus semejantes, a través de los dos ámbitos en los que mejor se desenvolvía: política y religión.

No es que él ex Secretario de Gobernación haya utilizado sus cargos políticos para difundir propiamente la teoría cristiana, sino que tomó los principios y valores que pregona la religión para guiar su vida y, por lo tanto, su carrera como servidor público.

Don Carlos demostró que política y religión pueden coexistir y unirse para un mismo propósito.

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