Prácticas de un país tolerante

Hace unas semanas, el mundo quedó conmocionado por el resultado de las elecciones presidenciales de Estados Unidos.

Mucha gente manifestó su descontento tras la victoria de Donald Trump, una persona que basó su campaña en la intolerancia y el poco respeto hacia ciertos sectores de la población norteamericana.

Este acontecimiento es un buen punto de partida para hablar de los objetivos que el mundo se ha planteado para fomentar una cultura global de la tolerancia.

Países tolerantes

El año pasado, un estudio del Instituto Legatum se encargó de definir cuáles son los países más idóneos para vivir. Para ello, establecieron categorías entre las que destacaron: tolerancia y oportunidades para los inmigrantes y minorías étnicas.

Los países más tolerantes con la comunidad migrante son Canadá, Noruega y Nueva Zelanda; mientras que las naciones que mejor agrupan a las minorías étnicas son Singapur, Uzbekistán y Nueva Zelanda.

Sus prácticas

Desde hace mucho tiempo, se ha trabajado en el mundo la idea de ser un país tolerante. Es decir, se han establecido objetivos y prácticas que se deben llevar a cabo para garantizar una vida digna y pleno respeto de los Derechos Humanos.

La Declaración de Principios sobre la Tolerancia de la UNESCO nos habla un poco de estas prácticas:

  • Para ser tolerante debe haber justicia e imparcialidad en la legislación, así como en la aplicación de la Ley.
  • Quienes sustentan los Poderes Judicial y Administrativo deben procurar la igualdad de oportunidades económicas y sociales.
  • El Estado debe garantizar la inexistencia de algún tipo de discriminación.
  • Los países deben ratificar las convenciones internacionales en materia de Derechos Humanos.
  • También debe existir la iniciativa propia de elaborar legislaciones que garanticen un ambiente tolerante para la sociedad.
  • Cada ciudadano tiene la responsabilidad de aceptar y respetar el carácter multicultural de su contexto.

Ser tolerante no sólo se trata de respetar las opiniones de los demás. La tolerancia es un deber moral, político y jurídico que implica respeto, aceptación y aprecio de la diversidad y sus distintas formas de expresión.

Además, fomenta el conocimiento, la actitud de apertura, la comunicación y las libertades de pensamiento, de conciencia y de religión. De esta forma, se busca contribuir con la creación de un mundo más humano.

 

Biografía Un cristiano en la vida pública: Carlos María Abascal Carranza

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