Testimonio de invitación al Doctorado Honoris Causa de Carlos Abascal

Causa de Carlos Abascal Doctorado Honoris

Al inicio del actual milenio, una de las sorpresas de la primera administración panista fue que en el Gabinete se nombrara a Carlos Abascal, un político que rompía el modelo de los servidores públicos y cuya reputación moral era impecable. Una persona transparente que no tenía reparo en valientemente afirmar su adhesión a los sólidos principios humanos y católicos que regían su vida

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Ante las ovaciones, un dedo para agradecer a Dios

Ante las ovaciones, un dedo para agradecer a Dios

Uno de los principales problemas para los políticos que comienzan su actuación es cómo desenvolverse ante las multitudes, ante los auditorios repletos, las porras, los gritos, los apoyos y los ataques.

Particularmente embarazoso resulta qué hacer con las manos. Cómo agradecer un aplauso de manera natural, sin verse forzado y, para complicar la ecuación, que retrate bien ante el sin fin de placas que capturan los fotógrafos de prensa, pendientes del mínimo movimiento del funcionario para ganar la primera plana.

Y entre los muchos ángulos que estudiamos a lo largo del sexenio, existe uno muy particular que, justo siete días antes de su muerte, llamó la atención de los asistentes al último homenaje que en vida se realizó a Carlos Abascal en la Universidad Anáhuac del Sur, cuando se le entregó el doctorado Honoris Causa.

Ese miércoles 26 de noviembre de 2008, notablemente disminuido en su salud y cuando pronunció lo que bien se cataloga como su testamento sobre los compromisos del político católico, no sin dificultad Carlos levantó constantemente su brazo derecho con la mano empuñada y dando paso a que su índice apuntara hacia arriba.

Esa pose no era nueva. Por supuesto que la había incluido entre las muestras de agradecimiento de los grandes auditorios. Pero tenía más historia. En lo personal comentaba a sus cercanos que, cuando joven jugador de futbol, deporte que lo apasionó, al momento de anotar un gol siempre levantaba su dedo al cielo para agradecer a Dios la gracia de conseguir el tanto pero, sobre todo, para decirle al mundo que no era él quien había metido el balón entre los postes de la portería sino Dios. A Él es a quien había que reconocer.

Y eso es lo que hizo una semana antes de morir. Simbolizar con su brazo en alto que era a Dios a quien debía todo, a quien ofrecía todo y a quien había que reconocer. “A Él… a Él” quería decir siempre Carlos Abascal, sobre todo en su última aparición pública.

Anécdota del Lic. Hermino Rebollo

Carlos, nombre de reyes

Carlos, nombre de reyes

Al licenciado Abascal le gustaba su nombre completo: Carlos María, sin embargo, en confianza, el nombre de Carlos lo enorgullecía, ya que había leído que el suyo era un nombre de reyes, que recordaba con un acróstico.

Como responsable de la imagen institucional de las secretarías de Trabajo o Gobernación y personalmente de la del secretario, debía cuidar todos los detalles.

Posicionar a Carlos Abascal, cuyo nombre era conocido por su paso por Coparmex, por Vertebra, por sus actividades cívicas, políticas y religiosas era mucho más sencillo que, ahora, vender a un nuevo nombre: Carlos María. Por lo mismo, siempre procuraba elaborar los boletines, discursos o comunicados oficiales únicamente con el primer nombre…

Hasta que un día me dijo, al ver en un borrador de boletín que había tachado el “María”: “…  a mi me gusta mucho mi nombre completo: Carlos María…”.

Entendí. No había duda. Además, así se llamaba.

Lo que pasa es que, muy en confianza, el nombre de Carlos lo enorgullecía. Siempre lo presumía y lo bromeaba, sobre todo con sus tocayos.

Y, si tenía oportunidad, platicaba la historia completa:

Contaba haber leído a un Carlos que afirmó que el suyo era un nombre de Reyes. Y como prueba recordaba el acróstico que se forma con cada una de las letras:

C   Cristo, el rey de la creación

A   Águila, la reina de las aves

R   Rosa, la reina de las flores

L   León, el rey de los animales

O  Oro, el rey de los metales

S   Sol el rey del firmamento

Pocas veces se mostraba orgulloso. Pero al hablar de su nombre, sin duda lo hacía y, además, era inmejorable oportunidad para halagar a sus tocayos…

Anécdota del Lic. Herminio Rebollo

San “Fulano”, plan con maña

San “Fulano”, plan con maña

Una de las características más peculiares de Carlos Abascal era su saludo. La mayoría de las ocasiones lo iniciaba anteponiendo al nombre de su interlocutor la categoría de “San”.

Una de las características más peculiares de Carlos Abascal era su saludo. La mayoría de las ocasiones lo iniciaba anteponiendo al nombre de su interlocutor la categoría de “San”.

Y proviniendo de una persona como Carlos, nadie dudaba que lo hiciera con pleno conocimiento de causa. Estaba concediendo el rango de Santo a su amigo. Pero, al mismo tiempo, era difícil no descubrir que se trataba de un plan con maña.

Lo que pasa es que escuchar el “San Fulano…” producía en el receptor una reacción múltiple. La primera, al bote pronto, de humildad.

“No, qué va a ser...”; “Ojalá…”; “Házmela buena…”; “No bromees…”; “eso lo serás tú…”

Lo cierto es que, pese a la espontaneidad con la que lo pronunciaba, el calificativo de santidad sonaba tan pesado y comprometedor como inesperado para quienes hablaban con Abascal.

Y lograba con esas cuantas palabras la reflexión inmediata -en unos cuantos segundos-  sobre un tema tan profundo, pero al mismo tiempo tan cotidiano, como el llamado evangélico a ser perfectos.

Hay que decir que el efecto del apelativo era tan automático como certero. Porque en quienes son creyentes motivaba el desmarcarse, al decir no sentirse dignos. Pero en quienes no comulgaban con la misma formación de Carlos igualmente se extrañaban. Les calaba. Y, sobre todo, les pesaba una denominación en la que no creían pero que entendían bien que para Abascal implicaba un gran significado que, de pronto, quería compartir.

¿Qué tan consciente era la búsqueda de las reacciones de provocaba? ¿Fue siempre una “catequesis instantánea” la que intentó Carlos? Lo más seguro es que si.

La verdad es que lo lograba y, algo más, ganaba el saque. En lo humano tomaba ventaja de su interlocutor. Un fruto más, para la vida cotidiana, de buscar lo trascendente en todos los actos, en las pequeñas cosas.

Anécdota del Lic. Herminio Rebollo

Biografía Un cristiano en la vida pública: Carlos María Abascal Carranza

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